Reflexiones

De Patios Interiores

Maite de Orbe, joven fotógrafa madrileña, nos habla de su proyecto ‘De Patios Interiores’; una reflexión que desborda los límites de su obra y nos muestra una visión del mundo sensible y única. 

En el 2010 la Universidad de Málaga lanzó el primer modelo Iamus, el ordenador del ‘futuro’ para melómanos. Se trata de una máquina que es capaz de componer una pieza musical en un minuto, tardando otros siete en exportar la composición a distintos formatos para que pueda ser interpretada por una orquesta. La primera vez que oí hablar de ella me horroricé. De nuevo, se abría el debate sobre si las máquinas pueden sentir y, seguidamente, sobre qué es el arte y cuál es su función. (Escribo la palabra en cursiva porque nunca llegaré a saber realmente lo que es). Supongo que dentro de todas las posibles respuestas hay una vena purista dentro del arte que se niega a aceptar la colaboración con la inteligencia artificial.

 BARRIO DE MONTMARTRE, PARÍS

BARRIO DE MONTMARTRE, PARÍS

Por aquel entonces acababa de leer Instrumental, el primer libro de James Rhodes. El vínculo entre su vida y la música me alejó aún más de las capacidades de la electrónica. Me dije ‘el día que una obra creada por una máquina, sea un cuadro, una pieza de música o lo que sea me emocione tanto como una hecha por un ser humano, me iré a cultivar tomates’. Mi concepto de arte ha evolucionando en mi cabeza, pero siempre ha ido ligado a lo que llamo un ‘sentimiento de sentimientos’. O sea, la comunicación.

 NIDA, LITUANIA

Paralelamente, cuando empecé esta serie leía mucha literatura latinoamericana. Me encantaba -y me encanta- el concepto de intimidad que se vive en las aldeas de García Márquez, donde la información sobre las vidas de otros no anda encriptada en nada más que secretos y palabras. Lejos de cualquier tecnología uno podía saber qué pasaba en la vida de los otros fijándose en los detalles. Siendo cotilla, curioso.

MADRID, ESPAÑA

BARCELONA, ESPAÑA

Mi habitación en Madrid, en la que crecí, estaba en un séptimo piso y daba a un patio interior desde donde podía ver todo lo que pasaba en el edificio. Si alguien tenía un bebé, lloraría y todos lo oiríamos, habría ropa nueva tendida en las cuerdas que cruzaban el patio y las ventanas que daban a él, que eran algo más bajas, estarían cerradas por temas de seguridad. Únicamente tenía que recurrir a mi ventana varias veces a la semana para entender qué estaba pasando. La idea de enmarcar algo a través de una ventana no es ningún misterio nuevo en el arte y, para mí, la ventana se convirtió en la pantalla desde la que conocería historias.

 BRUSELAS, BÉLGICA

Desde entonces sigo trabajando en este proyecto, siempre en proceso de crecimiento, siempre buscando cosas nuevas, ropa nueva (o vieja) en sitios diferentes. Me ha gustado ir ampliándolo a otros países y así poder comparar la intimidad pública de otra gente con la que yo he conocido. Supongo que es mi manera de concentrarme en lo que es realmente importante, en lo que es real, en este mundo comido por la tecnología.

PATIO INTERIOR DE JULIO CORTÁZAR, PARÍS, 20

 HELSINKI, FINLANDIA

Maite de Orbe - 12/01/2018