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El Minimalismo de Dan Flavin

DAN FLAVIN Y LA GALERÍA CAYÓN

Jueves por la mañana, principios de primavera, el sol en la cara. Alonso Martínez con salida a la plaza de Santa Bárbara, móvil en mano, Google Maps indicando un destino a 9 minutos de distancia y el semáforo por fin verde. Deambula mi mirada por la calle según cruzo Génova; edificios con balcón, puertas de madera maciza, la forma de las ramas de los árboles florecientes alzándose por encima de los escaparates y los carteles para crear vagas sombras en la acera. Curvas y escalones, imperfecciones, dimensiones de todo tamaño y dirección; la calle en ebullición desde todo punto de vista; gente apresurada y coches y comercios y colores diluidos, matizados, resquebrajados; manchas en la pared; derecha, camine doscientos metros, izquierda, derecha, izquierda.

EL MÍNIMO INDISPENSABLE

Calle Padilla número 7, frente a un edificio de balcones madrileños, en una calle muy madrileña, bajo el sol de primavera. Timbre, puerta de cristal gigantesca que se abre hacia dentro de un suave empujón y se cierra con la misma firmeza; el interior de la galería Cayón. Silencio, silencio; un cambio radical entre la calle y la primera sala de exposición. De la curva a la recta, del sol a la penumbra, del desconchado de las paredes a la impecable superficie blanca, del bullicio y el gentío al más mínimo indispensable.

Un gigantesco cuadrado de neón rosa frente a la vidriera de la entrada, estático, imponente. A continuación, expuestas en medio de salas vacías, una serie de estructuras lumínicas de diferentes tonos y formas, siempre compuestas por tubos de reluciente neón; verticales y horizontales, cortos y largos, combinados en diferentes formas geométricas limpias y destellantes.

“IT IS WHAT IT IS AND IT AIN’T NOTHING ELSE.”

Se trata de la obra del Neoyorkino Dan Flavin (1933-1996), artista cuyo particular estilo es difícil de categorizar o explicar. Deambulo por las salas durante un buen rato, empapándome de la extraña paz que emana de los colores chillones. El suelo silencioso me devuelve el sonido de mis pisadas y los neones, impasibles, inescrutables, se dejan observar. ¿Qué secretos entrañan los relucientes tubos? En palabras del propio artista, las composiciones de luz que realizó durante toda su carrera no tenían ningún significado trascendental ni simbólico, “It is what it is and it ain’t nothing else”, sino que se movían en el plano de la estética y la forma. La obra se presta así a la interpretación del observador, moviéndose su significado en un plano difuso y polivalente.

La reducción a la esencia, la abstracción total, la intensidad cromática y lumínica y el minimalismo visual que caracterizan la obra expuesta resultan impactantes e interesantes. El montaje en la galería es impecable y encaja perfectamente con el lenguaje sencillo y directo de las esculturas de luz; una exposición concisa y limpia de una obra muy particular. Tras un largo rato, cruzo de nuevo las salas en pos de la calle, y con el repique de la puerta de cristal al cerrarse suavemente los ruidos del exterior y las formas imperfectas del mundo irrumpen de golpe en mi visión. La vida, de pronto, pasa de nuevo a ser no mínima, sino máxima.

Artmimo - 22/03/2018